Bodensee: Como la falta de atención a ciertos detalles, puede sacarle el brillo a la noche
19:45Bodensee promete una perfecta amalgama de tradicionales sabores alemanes, con el ambiente y sabor de los bodegones más clásicos de la ciudad de Buenos Aires. Teniendo en cuenta que hace más de 70 años que está situado en el barrio de Palermo, no es difícil creer en la propuesta... Aunque no todo lo que brilla es oro.
Las últimas cuadras de caminata, se hacen simpáticas y vibrantes, a medida que uno se vá adentrando en el territorio de los bares y restaurantes que conforman el hoy llamado Palermo Hollywood. Al llegar al lugar, dá la bienvenida una fachada decorada sutilmente con algunos recortes de diarios que dan idea al desprevenido, de la larga historia del establecimiento.
Al entrar, pareciera que la cara del cajero y la (Única) moza, buscan reflejar lo mismo, con expresiones de hastío y cansancio que resultan algo extrañas para un miercoles a las 21.00 hs. No obstante, anuncie mi reserva, y luego de que me indicaran que me siente donde quisiera, me adentre hacia lo desconocido. El lugar estaba casi al tope de su capacidad, con mesas de hasta 8 personas, hablando y comiendo.
Me siento y miro a mi alrededor las paredes, decoradas con cuadros y algun que otro cacharro que a lo lejos resulta simpático de ver. Deseé tener más cacharros que analizar con la vista, cuando ya habían pasado VEINTE minutos y todavía no me habían traído la carta. Ya algo resignado, le hago señas a la moza, quien a la cuarta vez que me vió, decidió venir a ver si necesitaba algo. Por suerte, entendió rapidamente lo esencial de mi necesidad.
Mientras decidía a que plato principal avocarme, pedí una entrada a la cual rara vez puedo resistirme: Bastones de Muzzarella. En las mesas aledañas veía un festín de distintos tipos de cervezas tiradas, pero esta noche, yo no iba a estar tomando alcohol. Herejía, lo sé. Un agua bastará, al menos biológicamente hablando.
Analizo los platos principales, y el menú en general, que parecía ofrecerme menos 'Alemán' del que me prometió la publicidad del lugar, y un poco más 'Minuta' del que esperaba. Sin embargo, encuentro refugio en un plato prometedor, teniendo en cuenta que hace menos de media hora estuve caminando en una noche de 4 grados centígrados: Goulash con mitt spatzles (plato elaborado con carne de ternera, cebollas, pimiento y pimentón con pasta típica de la cocina del sur de Alemania).
Al tiempo que logro decidirme, llega mi entrada. Un medallón de muzarella del tamaño de un puño cerrado, sobre una salsa roja que uno puede facilmente asumir que vá a tener algo de picor.
Al pinchar y cortar, el rebozado demuestra ser del ancho correcto. Mojo en la salsa, y como. Rico, ligeramente picante y... tibio.
Trato de ser justo con los platos. De resaltar lo bueno, y tratar de contextualizar (Y a veces hasta perdonar) lo malo. Pero un plato tibio, no tiene excusa.
Lo sigo comiendo, solo porque está rico. Aunque el tamaño del plato no ayuda a redimir la temperatura de este.
Mientras espero mi plato principal, mirando la cantidad de salsa que quedó de mi entrada, me percato de algo que no había notado hasta entonces: No había en mi mesa, ni en la de ningún comensal, una canasta, montonsito o siquiera rebanada de pan (A pesar de que el menú religiosamente declaraba: "Servicio de mesa y shot de licor de despedida incluído" [Más adelante hablaremos sobre lo segundo...]). Ciertamente no soy un fanático del pan, y generalmente lo evito, pero esta es una falta que no estoy preparado para perdonar, especialmente cuando aquellos poetas que escribieron la carta estaban tan decididos en incluirme ese "Servicio de mesa".
¿O quizá la silla era comestible, y yo fui muy tonto al no darme cuenta?
No hubo demasiado tiempo para indignarme, ya que mi Goulash estaba arrivando.
Ante mis ojos, tenía un plato que desde el centro hacia la derecha, era salsa y carne. Era abundancia. Prometía sabor, intensidad y todo aquello que mi corazón de glotón desara. Del centro a la izquierda, un campo de fideos que podían aspirar al adjetivo 'mediocre'. Eran la carencia, la miseria, el nene y la nena que roban pan al principio de Aladdin. No llores por mi Argentina.
Pruebo esos dos hemisferios por separado. Mis ojos no se equivocaron: La carne era sabrosa, suave, tierna. Una manteca puesta en el microondas por 30 segundos. La salsa, dulce y muy sutilmente picante. Los fideos, insípidos, con algunos dejos de gusto a cubo de caldo Knorr asomándose. Maldigo al sur de Alemania.
Procedí a mezclar todo mi plato, y esto homogeneizo los sentimientos encontrados que estos dos hemisferios me producían. Sin embargo, me quedó la misma sensación que con mi entrada: El tamaño de la porción, no ayuda al plato. Los pedazos de carne, resultaron escasos y lo que más abundo era esa pasta insípida, que sin relleno ni condimento, se sintió más como una forma de hacer rendir más el plato, que algo que funcionara a su favor.
Con algo de hambre, y en contra de mis planes iniciales, decido pedir un postre. Pido la carta, la cual tarda 15 minutos más en llegar a mi, y me sorprendo (Aunque ya estas sorpresas son cada vez más esperables) al ver que de 10 postres, 7 eran variaciones de 'Helado/Almendrado + Frutas/Charlotte'. Los que restaban eran 'Flan', 'Panqueque de manzana roto' (Todavía no sé que vendría a ser) y 'Strudel de Manzana con Helado'. Al parecer, mi viaje de sensaciones a Alemania se quedó sin nafta en Adrogue. Junto con un café, me pido el Strudel de Manzana, algo emocionado por la asombrosa descripción de su masa, por parte de la moza.
Media hora más tarde, llega mi café y mi strudel. Hundo la cuchara, algo emocionado por el hambre y por lo apetitoso que se veía. Nuevamente, mis ojos no me engañan: Era dulce, pero profundo en sabor. Se podía sentir los distintos sabores de la fruta, de la masa, del azucar impalpable. Hay que reconocer que la masa estaba algo húmeda y debería haber estado un poco más crocante, pero un postre rico es un postre rico, y los puntos a favor de este plato superaban en grande a los pequeños detalles que uno pudiera criticarle.
Pido la cuenta y mi "Shot de licor de despedida de regalo" (Já! Llegamos!). "Ahí sale que lo están haciendo", me dice la moza. Wow, que casero, pensé. Pasan veinte minutos y llega mi cuenta, sin el acompañante anunciado: El licor casero. Cuando pago, le reitero a la moza. Quizá no me escuchó, o quizá eligió no escucharme.. ¿Quien sabe? Luego de esperar otros 15 minutos, en los que no hubo señal alguna de la moza, me retiré.
Bodensee promete un fantástico viaje en el que se combinara la fantastica travesía de la herencia Alemana por el territorio Argentino, sin embargo solo se ven algunos debiles intentos que fallan tanto en recrear lo Alemán, como en entregar un producto que dá gusto al comensal(Un crimen mucho peor el segundo que el primero).
Una entrada agradable, un plato principal mitad delicia mitad insipidez y un postre delicioso que a duras penas salva a sus predecesores. Todo esto, decorado con una atención pésima, que promete (Tanto figurativa como literalmente) y no cumple.
[Hablemos precios: La cena descripta arriba, costó en total aproximadamente $150. Con un costo de gaseosa/agua de $35. Esto debe servir como dato de orientación para quien desee ir allí, más no debe ser ni un atenuante ni un agravante del veredicto, ya que creemos que la comida deliciosa puede ser hallada en cualquier rango de precios]


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